El mito de “los niños de antes eran más fuertes”

por | infanto-juvenil, Psicopedagogia, Terapia familiar

“Antes los niños eran más fuertes, aguantaban más, no se quejaban por cualquier cosa.”

Seguro que has escuchado esta frase alguna vez, quizás de tus propios padres o abuelos. Es una creencia profundamente arraigada, que idealiza las infancias de otras épocas como más resistentes, más duras y, en consecuencia, mejores.

Sin embargo, ¿realmente era fortaleza lo que se cultivaba en esos niños o era simplemente supervivencia emocional? Además, ¿se puede confundir fortaleza con silencio? Hoy, desde la psicología y la neurociencia, sabemos que muchas de esas infancias “fuertes” en realidad escondían emociones reprimidas, heridas no sanadas y mecanismos de defensaque terminaron pasando factura en la vida adulta.

Una fortaleza malentendida

Durante décadas —e incluso siglos— se creyó que sentir demasiado era un signo de debilidad.

  • En aquel entonces, llorar se consideraba cosa de blandos.
  • Expresar incomodidad era visto como ser “flojo”.
  • Solicitar ayuda se interpretaba como un signo de fragilidad.

Muchos niños aprendieron que mostrar sus emociones era peligroso o inaceptable, así que se tragaron su miedo, su tristeza y su rabia.

👉 Aguantar no es lo mismo que ser fuerte.

✔️ Ser fuerte es afrontar las emociones, procesarlas y aprender de ellas.
❌ Aguantar es desconectarse de lo que se siente y reprimirlo para encajar o sobrevivir.

La herida de la desconexión emocional

Esos niños que parecían tan fuertes crecieron, y muchos se convirtieron en adultos que:

  • Les cuesta expresar lo que sienten.
  • Confunden vulnerabilidad con debilidad.
  • Tienen problemas para poner límites sanos.
  • Se sienten incómodos ante el llanto o la emoción ajena.
  • Justifican el maltrato como una forma “normal” de educación.

Esa coraza emocional les permitió sobrevivir en su infancia, pero les limitó en su capacidad de construir relaciones sanas consigo mismos y con los demás.

Lo que la ciencia dice hoy

La neurociencia nos ha demostrado que el cerebro infantil es extremadamente sensible al entorno.

✔️ Un niño que crece sintiéndose comprendido, validado y acompañado, desarrolla una mayor resiliencia emocional, es decir, una verdadera capacidad para afrontar las dificultades.

❌ En cambio, un niño que crece reprimiendo lo que siente, aprende a desconectarse de sus propias emociones, y esa desconexión se convierte en su herramienta para “aguantar”.

Pero desconectar no es sanar, es postergar el dolor, y muchas veces ese dolor explota en la adultez en forma de:

  • Ansiedad.
  • Dificultades para gestionar el estrés.
  • Problemas de autoestima.
  • Patrones de relación tóxicos.

La verdadera fortaleza

Hoy sabemos que un niño fuerte no es el que no llora, sino el que:
✔️ Sabe reconocer lo que siente.
✔️ Se siente seguro para expresar sus emociones.
✔️ Aprende que es válido tener miedo, tristeza o enfado.
✔️ Descubre herramientas para gestionar esas emociones.

La verdadera fortaleza emocional no nace de ignorar lo que sentimos, sino de afrontarlo con el apoyo adecuado.

¿Por qué sigue vivo este mito?

Este mito persiste porque muchas personas adultas normalizan su propia infancia dura como mecanismo de defensa.

Si crecimos creyendo que “así tenía que ser”, cuestionarlo nos conecta con un dolor antiguo y profundo: el de haber sentido miedo o soledad cuando éramos pequeños.

En consecuencia, aceptar que esas experiencias no fueron ideales implica revisar nuestra propia historia, y eso puede dar miedo.

Por ello, muchas veces es más fácil decir:
🗣️ “Mira qué bien salí yo”
🗣️ “A mí me lo hacían y no tengo traumas”

… en lugar de explorar lo que realmente sentimos.

Educar desde la verdadera fortaleza

Si queremos criar niños realmente fuertes, tenemos que cambiar el enfoque:
💛 Fortalecer su autoestima, no su coraza.
💛 Enseñarles que llorar o pedir ayuda no es debilidad.
💛 Mostrarles que el respeto mutuo es más poderoso que el miedo.
💛 Validar sus emociones, para que aprendan a gestionarlas sin reprimirlas.

La infancia dura no hace adultos fuertes. Hace adultos desconectados de sí mismos.

La verdadera fortaleza nace de la seguridad emocional y del acompañamiento respetuoso.

Porque un niño que se siente visto, escuchado y amado, es un niño realmente fuerte.

📌 Si te ha resonado este artículo, quizás te interese leer sobre cómo la crianza consciente impacta en el desarrollo emocional de los niños. 👉 ¿Por qué hay tantos niños inseguros en la actualidad y con falta de autoestima?

Además, si este tema te ha hecho reflexionar sobre la importancia de la crianza basada en la conexión emocional y el desarrollo saludable, te recomendamos leer el artículo «Mitos sobre el cerebro del niño». En él, se desmienten creencias comunes sobre el desarrollo infantil y se explica cómo el entorno y la crianza influyen en la manera en que los niños procesan sus emociones. Es un recurso valioso para comprender por qué el respeto, la validación emocional y la seguridad afectiva son clave para formar niños verdaderamente fuertes, no solo en apariencia, sino en su bienestar emocional y mental a largo plazo.

¿Cómo podemos ayudarte?

Si te has identificado con alguna de estas experiencias y quieres comprender mejor tus emociones o las de tu hijo, nuestro equipo está aquí para acompañarte en este proceso. 💙

📩 Contáctanos para conocer más sobre cómo podemos apoyarte en tu camino hacia una educación más consciente y respetuosa.

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